6/2/08

La vida de los otros, de Florian Henckel-Donnersmarck

Dir. Florian Henckel-Donnersmarck (Oscar 2006 Mejor Película habla no inglesa)

Tres personajes: HGW 20/7 es un funcionario de la STASI (organización de policía secreta de Alemania Oriental) que ha sido entrenado para interrogar y controlar a los posibles enemigos del régimen. Su entrega al partido y su eficiencia como verdugo son totales. Para conseguir que los sospechosos confiesen, no se vale del método de tortura más doloroso pero sí del que quizá sea el más efectivo: los interroga durante horas sin tocarles un pelo hasta que, vencidos por el miedo y rendidos de cansancio, sus víctimas ceden. Con el transcurrir de la historia, vamos viendo que HGW no tiene vida propia, ya que su existencia consiste en vigilar las vidas de los demás, tanto cara a cara como ejerciendo el espionaje a través de un sistema de escuchas. HGW es un hombre frío, triste, solitario y obediente, cuyo único aliciente en la estéril vida que lleva es su trabajo, y se nos presenta como el más exacto y ominoso paradigma del individuo convertido en artefacto al servicio del totalitarismo. Georg Dreyman, un talentoso escritor de ideas socialistas (no podía ser de otra manera en la autoproclamada República Democrática Alemana, vaya paradoja) pero desencantado con la política que el régimen ejerce sobre los artistas que resultan sospechosos de tener ideas muy “occidentales”, ve como sus amigos son censurados y retirados de la vida pública sin que haya para ellos ninguna esperanza, y las únicas alternativas parecen ser la resignación, la huída a Occidente, o el suicidio. Como suele sucede en los totalitarismos donde en última instancia lo importante no es la idea sino la necesidad de perpetuarla, a pesar de sus sinceras convicciones él también se convertirá en objeto de espionaje. Christa-Marie Sieland, su pareja, una actriz de talento (en mi opinión, quizá el personaje más atormentado de la historia) pero insegura y acomodaticia, es chantajeada constantemente por un pez gordo del Ministerio de Seguridad, adoptando, no obstante, una actitud de ojos que no ven corazón que no siente. Incapaz de renunciar a lo conseguido Christa tendrá que elegir entre el amor y la traición de sus espectativas. La vida de estos tres personajes confluyen de manera curiosa cuando HGW recibe la misión de espiar al escritor y se convierte en una especie de parásito de esas vidas que él quisiera vivir, y lo que al principio era una misión de espionaje (a la que se apunta con vocación de sabueso), pronto acabará enfrentándolo a su propia humanidad. Con una evolución narrativa acompasada y un desarrollo que en ningún momento resulta predecible, unos acabados de imagen que exploran todas las tonalidades de grises (como el gris personaje de HGW y una metáfora de la gris Alemania de entonces), unas actuaciones formidables (especialmente la de Ulrich Mühe en el papel de HGW, todo un crack) y un guión impecablemente escrito, Henckel-Donnersmarck, un jovencísimo discípulo de R.Attemborough, ha llegado tan lejos como para conseguir el Oscar. Sin embargo este detalle es lo de menos, si tomamos en cuenta que La vida de los otros hace una reflexión profunda, inteligente y sin pretenciones, de la impermeabilidad de la bondad humana ante infraestructuras artificiales de poder que, tarde o temprano y por obra y gracia de su propio exceso, acaban cayendo. Imperdible.