6/2/08

La rosa azul



Leyenda china

Un poderoso emperador, sabio y bondadoso, estaba preocupado porque su única hija, tan bella como inteligente, permanecía soltera y no demostraba mayor interés en casarse. El emperador quiso encontrar un pretendiente digno de ella, para lo cual hizo proclamar su deseo de casara a la princesa. Los aspirantes a la mano de la joven fueron muchos, pero la inteligente muchacho encontró la manera de burlar la disposición que había puesto su padre. Dijo que estaba dispuesta a casarse para obedecer al emperador, pero muy sutilmente, pidió una sola condición para aceptar marido: quien hubiera de casarse con ella, debería traerle una rosa azul. Los pretendientes se desalentaron ante ese pedido. Nadie había visto nunca una rosa azul. ¿En qué jardín del mundo florecía esa maravilla? Y con la seguridad de que hallar la rosa azul era una empresa imposible, la mayoría de ellos renunció a casarse con la bella princesa. Solamente tres persistieron: un rico mercader, un valiente guerrero y un alto jefe de justicia. El mercader no era un soñador, sino un hombre muy sensato. De modo que muy sensatamente se dirigió a la mejor florería de la ciudad, donde, con toda seguridad, debía hallar lo que buscaba. Se equivocó. El florista no había visto amás una rosa azul. Pero el rico mercader ofrecía una fortuna a cambio de esa extraña flor, y el florista prometió ocuparse de buscarla. Por su parte, el pretendiente guerrerp optó por dirigirse hacia el país del rey de los Cinco Ríos. El guerrero partió acompañado de cien soldados y aquella comintiva armada y deslumbrante, causó una profunda impresión en el rey de los Cinco Ríos, que temiendo un ataque, ordenó a uno de sus servidores que corriera a traer la trosa azul para iofrecerla al caballero que la pedía. Volvió el criado trayendo en sus manos un estuche aflepado. Cuando lo abrió, el guerrero quedó deslumbrado. Dentro del estuche había un hemroso zafiro tallado en forma de rosa. El guerrero regresó con la joya a su país, seguro de su triunfo. Pero la princesa movió la cabeza graciosamente al contemplar la joya. El presente del guerrero no era más que eso, una piedra preciosa, no una flor verdadera. Imposible describir la alegría del mercader cuando supo que su oponente había fracasado. El dueño de la florería le hizo saber que ya tenía lo que buscaba, así que corrió a la florería, tomó la flor de pétales azules, y no demoró un segundo en llegar al palacio. Y cuando todos creían que el mercader había alcanzado su premio, la princesa movió su cabeza y dijo: -Esto no es lo que yo quiero. Esta rosa ha sido teñida con un líquido venenoso que causaría la muerte a la primera mariposa que se posara sobre ella. No acepté la joya del guerrero ni acepto la rosa falsa del mercader. Yo quiero una rosa azul. El alto jefe de justicia, que había asistido al fracaso de sus dos rivales, vio que el campo quedaba libre para él. Visitó en su taller a un exquisito artista y le pdió que hiciera un vaso de porcelana fina, donde debía pintar una rosa azul. Ela rtista se esmeró en su obra, y cuando se la presnetó al alto jefe de justicia, no dudó éste ni un momento que el triunfo era suyo. La princesa quedó relamente admirada ante aquel trabajo. Nadie había visto nunca un vaso de porcelana tan bello y transparente, y la rosa azul en él pintada lo convertía en una verdadera obra de arte. Pero aunque admitió el regalo y lo agradeció con gentil gesto, tuvo que confesar que no era una rosa pintada lo que ella quería. Mucho lo lamentaba, pero tampoco el alto jefe de justicia había encontrado lo que ella pedía. Ella quería una rosa azul. La ingeniosa princesa se había salido con la suya sin que su padre pudiera hacerle el menor reproche. Y desde entonces ya nadie volvió a hablar del casamiento de la princesa, ni se presentó ningún otro pretendiente, para regocijo de la oven. Pero poco después ocurrió algo que debía hacerle lamentar su ingeniosa treta. Comenzó a hablarse en palacio de un joven trovador que recorría el país entonando dulces cantos. Y una noche en que la princesa se paseaba con una de las doncellas por los jardines de palacio, llegó a sus oídos una dulce melodía. No dudó que se trataba del trovador del que tanto le habían hablado y rogó a la doncella que lo llamara. El trovador saltó el muro, aquella noche cantó para ella sus más dulces melodías. La princesa y el trovador se enamoraron, y el joven volvió otras noches a cantar bajo sus ventanas. Cada vez era más grande su amor y el trovador quiso presnetarse ante el soberano para pedir la mano de la princesa. Entonces fue cuando la hermosa joven advirtió que la astucia que había empleado para alejar a sus pretendientes, impediría que pudiera casarse con el trovador. Su padre le exigiría también a él que trajera una rosa azul. Y ella sabía que eso era imposible. Pero su enamorado la trnaquilizó. Su amor todo lo podía. Gran revuelo se produjo en la corte cuando se supo que un nuevo pretendiente se sometía a la prueba de hallar la rosa azul, y que se presentaría con ella. El trovador atravesó por entre la fila de crtesanos y damas, y llegó hasta la princesa. Tendió la mano y le ofreció una hermosa rosa blanca que momentos antes arrancara de su jardín. La princesa sonrió feliz, y con el consiguiente asombro de todos, manifestó que ésa era exactamente la rosa azul que ella quería. Un murmullo de sopresa e indignación corrió por el salón, y hasta el mismo emperador pensó que su hija se había vuelto loca. Pero la vio tan dichosa que lo comprendió todo, cortó de inmediato las hablillas diciendo que si la princesa era quien había exigido tal condición, y que si ella, tan inteligente como todos los sabios de la corte, decía que la rosa que le presentaban era azul, nadie podía dudarlo. 
Así triunfó el amor de la princesa china. 

Photo/post: Roberto Liang (óleo)