7/2/08

Teresa del siglo de los locos

Vaya con Teresa. La pequeña Teresa, la atormentada Teresa, la Teresa nacida y renacida de la simiente etérea de Jesús. La Teresa envasada al vacío en su traje de novicia salvaje; la herética, obstinada, valiente y alienada Teresa, locamente enamorada de la Santa Sangre que limpiaría su vergüenza.
Parece ser que Teresa había perdido la virginalidad -algo imperdonable en pleno apogeo del cinturón de castidad y encayolamiento del clítoris- y que, para santificar su vergüenza, se enclaustró entre las cien paredes de un convento. Sucedió en Ávila, en 1533.
Cuentan que Teresa se durmió durante cuatro días, que se la declaró muerta y que volvió de entre los muertos, siendo su padre testigo del incidente. Con la carne rota por los heridas que ella misma se infrigía -¿por amor a la divinidad, por el placer morboso que le producía el martirio de la carne vedada, o por el ansia de revivir una y otra vez la martirizante petit-mort que alivia el corsé de la culpa?- Teresa escribiría con sangre los versos más apasionados del Siglo de Oro español. Mientras los hombres de la ¿Santa Madre? Iglesia intentaban borrar con su memoria oscura la luz de la memoria futura, Teresa, la loca Teresa, la catatónica, la cataléptica, la epiléptica, la enamorada de las llagas de Jesús -su invisible y jamás probado consorte- renunciaba a sus vestiduras de raso, se calzaba un sayo de esparto, levantaba un pequeño convento hecho a mano, y montaba una revolución. Ella sola. Contra la Inquisición. Contra su priora. Contra su confesor. Contra los pequeños hombres grises que odian todo lo que no pueden tener. ¿Quiénes la ayudaron? Una beata y un fraile loco, que como ella, también fue santo.
¿Fue Teresa una santa o una loca?¿O era las dos cosas a la vez?¿Fue una suicida encubierta?¿Una poseída?¿Una reprimida?¿Qué intentaba hacer Teresa?¿Amar desaforadamente y hacia dentro, habiendo sublimado el deseo en esa forma de muerte que es el amor casto, que no por casto tiende a envenenar menos que el profano?¿O borrar con su íntimo infierno el mimo de la divinidad?¿O transpasar el umbral entre la locura y el juicio, siendo ella misma por la fuerza de su fe? En el Siglo de Oro, un Siglo de Locos, vivió Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia, poeta, polemista, intelectual, ideóloga -e inclusive- mujer de empresa. Loca o no, hizo lo que quiso… porque creyó. ¿Qué importa en qué?
Muéveme en fin tu amor y en tal manera 
que aunque no hubiera cielo yo te amara
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
Teresa de Jesús