20/2/10

Cortázar. Flatus vocis

Siempre seré un niño para tantas cosas, pero uno de esos niños que llevan consigo al adulto, de manera que cuando el monstruito llega verdaderamente a adulto ocurre que a su vez éste lleva consigo al niño, y en el mezzo del camino se da una coexistencia pocas veces pacífica de por lo menos dos aperturas al mundo. Mucho de lo que he escrito se ordena bajo el signo de la excentricidad, puesto que entre vivir y escribir nunca admití una diferencia; si viviendo alcanzo a disimular una participación parcial en mis circunstancia, en cambio no puedo negarla en lo que escribo puesto que precisamente escribo por no estar o por estar a medias. Escribo por falencia o descolocación; y como escribo desde un intersticio, estoy siempre invitando a que otros busquen los suyos y miren por ellos el jardín donde los árboles tienen frutos que son, por supuesto, piedras preciosas. El monstruito sigue firme... Y me gusta, y soy terriblemente feliz en mi infierno, y escribo. Vivo y escribo amenazado por esa lateralidad, por este paraje verdadero, por ese estar siempre un poco más a la izquierda o más al fondo del lugar donde se debería estar para que todo cuajara satisfactoriamente un día más de vida sin conflictos. Desde muy pequeño asumí con los dientes apretados esa condición que me separaba de mis amigos, y que a la vez los atraía hacia el raro, el diferente, el que metía el dedo en el ventilador. No estaba privado de felicidad. La única condición era coincidir de a ratos (el camarada, el tío excéntrico, la vieja loca) con otro que tampoco calzara de lleno en su matrícula, y desde luego no era fácil; pero pronto descubrí los gatos en los que podía imaginar mi propia condición, y los libros, donde la encontraba de llano. Pienso en Jarry, en un lento comercio a base de humor, de ironía, que termina por inclinar la balanza del lado de las excepciones, por anular la diferencia escandalosa entre lo sólito y lo insólito, y permite el paso cotidiano a un plano que a falta de mejores nombres seguiremos llamando realidad pero sin que sea ya un flatus vocis o un peor es nada.

Julio Cortázar (agosto de 1914-febrero de 1984)

Del libro Peregrinos de la lengua (Alfredo Barnechea, Alfaguara, 1998).

8 comentarios:

relampagosobrelagua dijo...

El aquel 84 en que dicen que se fue
volvíamos en argentilandia a la democracia y la nota periodística que el entonces presidente no lo quiso recibir...
Julio sigue vivo en cada palabra suya, en el mientrastanto, presente pasado y futuro,
por este texto que define su hacer...
Gracias RAB por el post.
Sabes? Estuve con él y
la clocharde
bajo un puente en parís
muy recientemente
Abrazo virtual.
RSA

R.A.B dijo...

No me extraña, yo cada vez que puedo me tomo un cafecito con él también... Hoy mismo estuvimos charla que charla acá en mi casa, al calor de la estufa.
Grande Corti ¿cómo no lo iba a poner? Le debía una.
...
Unas cuantas, mejor dicho.

Beso, desde este invierno madrileño que no se acaba nunca.

R.A.B dijo...

Por cierto, no recordaba que Alfonso no lo hubiera recibido...
qué vergüenza.
De lo que sí me acuerdo es del día en que notificaron su muerte: hubo quien dijo, por la radio, que su literatura era "extranjerizante" ¿? y le siguió toda una cohorte de bueyes en el mismo plan.
Algo así le pasó a Pérez Celis, salvando las distancias de calidad y etcétera, cuando estuvo en Mar del Plata dando su conferencia en el Auditorium...
No sé si lo viste, yo sí.

jcaguirre dijo...

Me recuerda el ánimo de este post a la añoranza del "guardian entre el centeno" de Salinger. Entre medias de tantas cosas, fracturado, ajeno a todas ellas menos a ese juego inocente entre las espigas.

El saltamontes dijo...

Nunca habías leído este texto de Cortázar, pero creo que acota muy bien la emoción que suele estar detrás de la escritura: la necesidad de encontrar un lugar para las cosas y para uno mismo en medio de las cosas, de la vida. La verdad es que me ha emocionado, mucho, mucho, mucho...
Carlos

R.A.B dijo...

Sí, Julio Cauldfield, el niño sólo-un-poco-fracturado sabía cómo reconstruirse a través de la escritura. Y con él, nos reinventó a todos. El guardían entre el centeno.

R.A.B dijo...

Uy! Carlos... saltamontes, me has despistado.

Sí, ésa es la función de la literatura para muchos. Y así deberíamos tomárnosla. Lo que pase después es pura contingencia.

Raticulina dijo...

Seguiremos metiendo el dedo en el ventilador...es nuestra condición.

Besos