10/8/11

Sí al cierre de fronteras

Bruselas lleva más de un año intentando convencer  a España para que no empadrone a sus "ilegales".
Verán: en mi opinión estaría muy bien que España cerrara las fronteras. Pero que lo haga YA. No tiene sentido dejar entrar a la gente para luego abandonarlo a su suerte en  territorio desconocido... eso es muy hipócrita, muy cínico, claramente inmoral y un delito por el que muy poca gente se pronuncia.
El artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos reza:
1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.
2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.
Cabría preguntarse si una ley en constante cambio está por encima de una ley de carácter universal, y sobre todo, si una ley puede estar por encima de la moral. Mientras existan empleados públicos que consientan esta ley y que consideren delincuentes a quienes no tengan un papel que los defina como humanos "legales", mientras esos funcionarios se constituyan en cómplices de esas leyes inestables que hacen con las personas lo mismo que se hace con los pollos, muchos acabarán encerrados en un CIE y otros retornando a sus países para que les maten, les ignoren o mueran de hambre. Y no es sólo indignante, es inmoral. Ya va siendo hora de que nos acostumbremos a la palabreja: inmoral, sí, por conveniencia y por miedo.
Así pues, me pronuncio a favor del cierre de fronteras. Eso demostraría grandeza, como la demostraría un presidente que pidiera perdón por sus errores. Eso demostraría honestidad. Si España no puede recibir más gente, vale: no la dejemos entrar para luego abandonarla a la suerte de no tener derecho a sanidad, educación y vivienda. Pero no, pasa lo de siempre: no aceptamos a los "ilegales" pero tampoco tenemos el valor de reconocer, a voz en cuello, sí, a viva voz, que habría que cerrar fronteras, porque admitirlo queda mal. Y eso es lo que duele: ese miedo a opinar, esa lengua cortada y murmurada a hurtadillas siempre y cuando el interfecto no esté presente.
Siento ser tan dura. Quisiera desdecirme, pero no puedo, porque me afecta en la entraña y es lo que vivo: mucha hipocresía. La izquierda se demuestra andando. O dejando de andar. Lo que no puede hacerse es callar ante una realidad tan dura, y sobre todo, hacerlo con esa dejación acomodaticia que hace mirar las moscas.

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