7/12/09

Burros y mulas



Hoy día se usa mucho hablar de "programas mentales" aplicados al pensamiento, como si la mente humana -sobre todo el pensamiento- fuera un asunto sencillo. Paradógicamente, comparar la mente con un PC nos conduce a eso que tanto criticamos: a convertirnos en robots reprogramables, lo cual se salta de cabo a rabo la compleja naturaleza del pensamiento humano. ¿Es eso lo que se quiere para esta sociedad a la que se aplican tales "recetas" mágicas?¿Mentes "felices", abiertas a una reprogramación de pago, a un formateo en cuotas gestionado por técnicos de la reprogramación espiritual?

Hay un punto de demagogia en la línea argumental de esta gente. Resulta muy llamativo, por ejemplo, que ese modelo pueda aplicarse tan bien en el occidente desahogado pero no en una barriada de Sao Pablo o una aldea de Ghana. ¿Qué pasa, que ellos son menos humanos o se trata, quizá, de una raza medio-humana cuyo hipodesarrollo "cultural" supone una exclusión automática (por no decir mediática) de dichas prácticas de reprogramación? A estas alturas es cuando el chiringuito new-age empieza a tornarse nauseabundo porque, ¿cómo puede hablarse de espiritualidad para unos y karma para otros? Suena un tanto injusto, ¿verdad? ¿No se ha notado aún que dicho enfoque se parece demasiado a la vieja fórmula infierno/ paraíso del tan denostado cristianismo?¿Qué hemos hecho, librarnos de una religión para re-ligarnos en otra? Es simple: si puedes pagar tienes derecho a la felicidad y acceso al paraíso, si no podés... no podés: lo siento.

La cínica "compasión" de estos individuos, insisto, huele. Y huele nauseabundo. Resulta inútil plantear este razonamiento a los reprogramadores, porque serás fustigado, ignorado y finalmente excluído. Nada nuevo: lo mismo les sucede a quienes se oponen con resolución a la política del mercado actual, ése que gobierna el mundo desde occidente dando la zanahoria al burro y fumigando a las mulas de uno quizá demasiado lejano como para ser siquiera imaginado.