26/4/15

Control de plagas


Muchas veces es más seguro estar encadenado que ser libre.
 Franz Kafka

Fuimos esta mañana con dos chicos de la prensa y el pibe de control de plagas. Me dijeron que hiciera un breve reporte y lo entregara en la redacción sin hacer demasiadas correcciones; se trata de que el jefe sepa cómo vamos a armar la noticia antes de que el gobierno de la ciudad tome la decisión final. De momento el asunto quedará como está, con los vecinos asustadísimos por la plaga de los trenes y la autopista.

 La verdad, mete miedo la cosa. Suerte que iba el pibe de plagas y les daba con la manguera, que si no… quién sabe, son demasiado grandes para ser insectos. Nomás en el tren abandonado encontramos uno medio grogui durmiendo en el fondo, entre los desperdicios. 

Fue increíble cuando Facu lo capturó con la cámara y el bicho entreabrió los ojos. A esos trenes tienen que quemarlos, retirarlos… ¡yo qué sé!, sacarlos de ahí cuanto antes, porque si no se va a seguir llenando. Se caen de sucios. Adentro está hasta arriba de basura… así que es lógico que aniden insectos de esa envergadura. Yo nunca había visto unos tan grandes, te juro. Dicen los vecinos que a la noche es peor, que los bichos usan los trenes de madriguera y se oyen todo tipo de ruidos raros. Por eso mandaron hoy al de plagas, para que limpie. Y a nosotros para que lo filmemos y la gente sepa lo que pasa. Para que vayan tomando recaudo, por las dudas. Decirles que hay que manguerear mucho y sacar la basura, porque si no, se juntan. Los trenes son un ejemplo de lo que no debe pasar; además esa chatarra da mal aspecto al barrio, lo afea. Y éste es un barrio de clase media… lindo. Pero cuando entrás al vagón, parece que entraras a otro país. Si cuando digo que habría que quemarlo no exagero. 

A todos. Habría que quemarlos.

 Después anduvimos debajo de la autopista, donde hay madrigueras ocultas entre los huecos que deja la estructura de hormigón. No sé como harán para vivir ahí, porque los coches que pasan por arriba producen el efecto de una caja de resonancia que ensordece. Quizá los insectos no tengan oídos, o hibernen, ya que no vimos que se movieran mientras Facu los filmaba. Es curiosa la manera en que han anidado, usando los vanos entre las vigas como si fueran nichos, a cinco o seis metros del suelo. El pibe de plagas dice que existen varias especies; que las del tren se parecen más a la cucaracha, pero las de la autopista son una forma de polilla gigante que puede mantenerse inmóvil durante días, y hasta semanas. Parece que les gusta la cebada, porque alrededor estaba lleno de botellas de cerveza vacías. Y restos de comida. Según el pibe de plagas hace meses que viven bajo la autopista, y sólo se las ve salir de vez en cuando, al anochecer. O más bien arrastrarse en pos de alimento. Dicen que ahí es cuando atacan, si bien aún no se ha reportado ninguna invasión, digamos, que pueda ser demostrada. Lo que si se han reportado son las denuncias, que nos llevaron a visitar la zona y a tomar nota de la existencia real de bichos de procedencia desconocida. Hablamos con los vecinos más antiguos, y ellos afirman que los bichos no son de acá, que no pueden ser de acá. Hay algunos que inclusive se compraron el equipo anti plagas, y no falta quien no dudaría en usar armas de fuego. Están hartos de vivir en peligro, amenazados por la certeza de una plaga nunca vista de bichos peligrosos.  

 Lo que me queda ahora es hacer el reporte y presentárselo al jefe de redacción, a ver qué le parece. Un becario tiene que dar buena imagen, así que me voy a esmerar para que salga bien redondito. Dar fuerza a la noticia, ponerle su toque de emoción. Lástima no saber todavía qué dirá el gobierno de la ciudad, pero si le dan el visto bueno a control de plagas y deciden exterminar a toda la bichandad, yo quiero estar ahí para cubrir la nota. Será un antecedente notable para mi currículum.